Me pregunta una persona cercana a la contienda electoral en el DF sobre la conveniencia o inconveniencia de llevar la campaña política a los toros.
“Nos insisten mucho en hacer un acto de campaña en plena tarde de aniversario en la México, ¿tú, cómo lo ves?”, me dice un asesor comprometido.
—Yo le recomendaría a cualquier aspirante a un cargo público en México una sana distancia con la llamada “familia taurina”. En los tiempos actuales a nadie lo “viste” esa trasnochada afición. Ni va con el espíritu de los tiempos, ni representa nada, no significa nada, fuera del peso económico del duopolio taurino; algunos ganaderos y los intereses de la TV. Por lo demás, entre todos han llevado esa tradición al barranco más horrible. Son diestros en el pésimo manejo de la fiesta.
“La Plaza México atestada en los años 40 y 50 hoy no se llena ni con los españoles. No le llenaron ni José Tomás, ni El Juli.
Y más le dije:
“Quedar bien con los 10 mil —no más— aficionados frecuentes no vale la pena en términos de echarse encima a los grupos opositores. Los anti-taurinos aparecen desplegados en los diarios con falsa sangre y banderillas de cartón, tirados en la explanada de Bellas Artes. A cambio de eso un torero herido no merece ni siquiera una primera plana. El toro ya no le interesa a nadie”.
Los tiempos de Adolfo López Mateos con los brazos abiertos en la barrera o José López Portillo en la campaña del candidato único, ya se acabaron. Y no van a volver.
Sin embargo, muchos creen en la importancia de la fiesta. Tanto como para ofrecerle la resurrección a partir de organismos burocráticos internacionales como la UNESCO y otras inutilidades dependientes de la Organización de las Naciones Unidas cuya profunda utilidad todos conocemos de sobra.
En esa condición de plegaria no atendida, los taurinos mexicanos (alojados por Mariano González, gobernador y ganadero de Tlaxcala) se reunieron en un coloquio internacional llamado “La fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido”. Como es lógico y consustancial en un coloquio, hablaron y hablaron de sus cosas y llegaron a conclusiones admitidas desde antes del coloquialismo: unirse a la Declaración Internacional sobre la Fiesta de los Toros como Obra Maestra del Patrimonio Cultural Inmaterial, firmada en primera instancia por la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España (ANPTE), la Asociación Internacional Taurina (AIT) y el Observatorio Nacional de Culturas Taurinas de Francia (ONCT), y refrendada por varias plataformas para la defensa de la fiesta en los ocho países de tradición taurina, así como por numerosas comunidades autónomas y ciudades en estos países.
Todo lo anterior lo he leído en la conceptuosa columna del enterado cronista Leonardo Páez, en La Jornada, y debo reconocer en este afán de inscripción cultural de la tauromaquia un bonito sueño guajiro. Y no por la indudable condición cultural de la tauromaquia, sino por la inutilidad de la declaratoria. Me explico.
Invocar la condición de parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, es decir, inscribir burocráticamente la fiesta en el catálogo de LA CULTURA universal, así con mayúsculas, puede ser un recurso defensivo ante los argumentos anti-taurinos cuya frase mayor es la salvajada sangrienta, pero resulta nada cuando se revisan los procederes de los empresarios, ganaderos y toreros.
Si los taurinos profesionales tratan a la fiesta con criterios de pobre mercado y consagran la mansedumbre, la sangre fatigada, el mono-encaste endogámico; el ventajismo y la cobardía antes de fomentar la bravura de las reses y el respeto por el rito taurino puro, nada se puede esperar después de la UNESCO.
¿Consagrada la fiesta como patrimonio interplanetario o divino, si se quiere, la van a respetar quienes la han prostituido y degradado hasta el extremo actual? Lo dudo.
Por ejemplo, el desfile de mansos profundos del domingo pasado es prueba dbme cómo ha decaído de manera irremediable la ganadería brava mexicana. Y si decae la bravura desaparecen el toreo y el torero. Queda el desfile de matarifes (y eso cuando le atinan al acero) envueltos en seda, quienes buscan el toreo de salón en mitad del ruedo para algarabía de espectadores del “super bowl” el sábado y el “super bull” el domingo.
—¿Hacer campaña en la plaza? Pues sólo si se quiere caer como rehén en brazos del Innombrable y sus germánicos patrones con todo y los suspiros de lánguidos cronistas, quienes confunden la narrativa por TV con la rogativa justificante de todo atropello y ultraje a la raíz verdadera de lo taurino.
LAICISCMO
Se inició una jornada de información promovida por estudiantes de Comunicación Social y egresados de la FES- Aragón de la UNAM para protestar por las modificaciones constitucionales en contra del laicismo. “De manera pacífica y con argumentos sólidos —dicen en la información enviada a esta columna—, iremos a incitar a la afueras del Senado a nuestros legisladores a que den marcha atrás a dicha reforma ya aprobada en la Cámara de Diputados”.