Lunes, 5 Enero, 2009

Crisis en cámara lenta

Andrés Pascoe Rippey

Luciano Pascoe Rippey

Tengo treinta y cuatro años y desde que tengo memoria
nuestro país ha sufrido desplomes económicos recu
rrentes. Estos desplomes normalmente —o al menos así los recuerdo— sucedían de golpe, inesperadamente para nosotros y en un día, una semana, perdíamos la mitad de nuestro poder adquisitivo y nos devaluábamos masivamente.
En esa época, las crisis no era algo que te decían que iba a pasar inevitablemente ni tenía uno —al menos no en mi casa— ninguna posibilidad de preparación ante el meteoro financiero. Nomás te agarraba, te zangoloteaba y te dejaba tendido comparando pasta dental Colgate en el mercado negro, porque no había en ninguna tienda.
Hoy estamos viviendo una crisis distinta, una que no llegó de la noche a la mañana. Que no ha desplomado nuestra capacidad adquisitiva pero que pinta tanto o más terrible que las anteriores. La lentitud para que se manifieste puede deberse a varios factores. Puede ser que los nuevos niveles de información hayan hecho que esta crisis estuviese pronosticada con más exactitud y que se leyeran los síntomas con mayor antelación. Los amplios análisis, unos catastrofistas y otros no, sobre la crisis hipotecaria en Estados Unidos, ya adelantaban lo débil del sistema y cuanta simulación cabalgaba por las redes globales del dinero. Tanto dinero ficticio, tanto crecimiento inventado. La especulación ha sido alimentada por la voraz ambición humana, y esa es una peligrosa combinación.
Es posible que otra razón por la cual esta crisis nos ha venido llegando en fascículos coleccionables, sea que empezó allá y no acá. Tradicionalmente el mercado que se colapsaba era el nuestro, del que huían capitales e inversión por todas las rendijas. Tradicionalmente la moneda que dejaba de valer era la nuestra y la economía repleta de fraudes multimillonarios era la nuestra (no que no los haya, nada más no se han manifestado aún). Pero ahora no. Esta vez los que han quedado como unos glotones sin ética son los vecinos del norte y se estima que se perdió el 49 por ciento del valor de la economía mundial en estos meses.
Nosotros hemos armado buenos “efectos tequila”, pero nunca habríamos alcanzado tan impresionante tarea.
Tal vez también esta crisis esté llegando tan poco a poco por todos estos millones de dólares de pensiones e impuestos invertidos en amortiguar la caída, que no detenerla, de nuestras economías.
Pero no hay que engañarnos ni un segundo. La crisis es tan real como la de 1994-95 y si bien tendrá manifestaciones diferentes, golpeará fuertemente a nuestra economía y la calidad de vida. Esta crisis empezará —en realidad ya inició— a arrojar miles y miles de desempleados.
La grave crisis afectará lo mismo a las familias que a las empresas y al propio gobierno federal. Las primeras resentirán la caída de empleos, de salarios reales, de transferencias de remesas del exterior, del crédito a la vivienda y del valor de mercado de su patrimonio. Las segundas la disminución de las ventas, falta de liquidez, escasez y encarecimiento del crédito. El gobierno federal, a su vez, sufrirá una disminución en la recaudación del Impuesto sobre la Renta, el IETU y el IVA, además del encarecimiento de sus fuentes de financiamiento.
A pesar de que oficialmente no se ha declarado que la economía mexicana se encuentra en recesión —cosa bastante absurda del gobierno federal—, ésta es un hecho en variables de la economía como el empleo y la producción industrial, afectadas con la caída de los precios del petróleo mexicano, remesas y salarios.
Para este año que inicia las expectativas son poco alentadoras. A nivel mundial la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señaló que para 2010 la cifra de desempleo superará 10%. En todo el mundo perderán su trabajo 20 millones de personas, la mitad de ellos en los países de la OCDE. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), comentó que México registrará en 2009 el crecimiento más bajo de América Latina y previó que el PIB subiría sólo 0.5%. Esta baja en la actividad económica repercutirá en mayor desempleo, incremento de la pobreza y un aumento en la informalidad. Ante estas perspectivas es fundamental, además de ser críticos, intentar ser propositivos sobre algunas medidas que debiese adoptar el gobierno de Calderón para mitigar los efectos de esta crisis. Estas propuestas son sólo algunas de las cosas en las que debiera estar toda la clase política.
—Exigir al gobierno federal instrumentar el seguro de desempleo universal para brindar un mínimo de bienestar y seguridad económica a los personas sin trabajo. Otra opción puede ser otorgar microcréditos para poner en marcha proyectos productivos.
—Exigir a Banxico que modifique la política cambiaria, al tiempo que se solicite al gobierno federal que el apoyo que se va a dar a las empresas que tienen vencimiento de sus créditos a corto plazo y que serán otorgados por Nafin y Bancomext, sea selectivo, a empresas que se dedican a la producción, distribución y comercialización de bienes primarios.
—Hacer un pronunciamiento contra la irresponsable labor de los bancos, de las empresas dedicadas a la especulación y del gobierno federal.
—Exigir que el gobierno federal adquiera parte de los activos de todas las empresas a las que otorgue préstamos, tal como ocurre actualmente en EU y en Inglaterra.
—No sólo se debe rescatar a las empresas, sino también a las personas.
—Exigir que el gobierno federal dé a conocer los nombres de las empresas que se han dedicado a la especulación con inversiones de riesgo y que actualmente está siendo apoyadas con recursos públicos y en la que se demande al Congreso la adopción de medidas para regular y gravar las transacciones bursátiles.
—Apoyar con créditos blandos a los deudores de créditos hipotecarios medios y bajos, así como a tarjetahabientes con deudas de hasta 10 salarios mínimos.
Que la crisis esté llegando en cámara lenta no significa que no venga, y que no venga fuerte. Es tiempo de que los gobiernos federal, estatales y municipales, junto con todas las legislaciones cierren filas y defiendan los intereses sociales, no los propios.

 

 

 

 

 

 
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