Jueves, 29 de Julio de 2010

Destruyen la historia de nuestra ciudad


 

Jalil Chalita Zarur

Con motivo del centenario de la revolución mexicana y de la independencia de México, empezaron a buscar vestigios históricos de algo que diera testimonio de la existencia de nuestros antepasados. Y poco o casi nada es lo que se ha encontrado, ni documentos, ni construcciones, ni arte. En concreto, se tiende sobre nuestro pasado histórico, una especie de velo oscuro y profundo que no nos permite ver ni tocar históricamente de donde venimos.
Si hubo historiadores en San Luis Potosí, pero no fueron respetados por los monstruos sagrados de la historia a partir de la década del 50 y me refiero a Rafael Montejano y Aguinaga, José Francisco Pedroza Montes, Francisco Peña entre otros quienes se dedicaron a interpretar los hechos desde su clerical punto de vista.
Montejano se atreve a calificar a los huachichiles y chichimecas como incultos, salvajes, agresivos, ignorantes, tan solo por su ferocidad para evitar ser sometidos y ser cultivados en una religión que no era la suya. Mucho de lo que hizo Montejano fue solamente interpretar a Manuel Muro y a Primo Feliciano Velásquez.
Tal vez Pedroza Montes fue más honesto en sus obras descriptivas del arte en San Luis Potosí. Muy poco –casi nada- se ha difundido la obra vasta y bien estructurada de Julio Betancourt y de Francisco de la Maza.
Por otra parte, las autoridades a partir de la mitad del siglo XIX consideraron que destruir era evolucionar y así hemos ido viendo como han ido desapareciendo templos, calles y edificios.
Aún en nuestros días hemos sido testigos de cómo la picota con la complacencia del INAH ha derruido fincas en donde quizás no vivieron hombres y mujeres del todo ilustres, pero si antepasados nuestros.
Están abandonadas las viejas calles de San Luis y muy pocos saben que la calle de Hidalgo o la de Zaragoza tienen más de 400 años de estar ahí, que la calle 16 de septiembre tiene más de 300 años y en ella quedan pedazos de fincas con vestigios importantes de la arquitectura del siglo XVIII, ya que esta calle unía a la ciudad de San Luis Potosí con los pueblos de Santiago y de Tlaxcala.
Se transformó con un exquisito gusto “marcelista” (de Marcelo de los Santos) la penitenciaría del estado metiéndole pisos y entre pisos y desapareciendo u ocultando el paredón de fusilamiento que se encontraba al fondo y convirtiendo las celdas en elegantes recintos que ni los actuales centros penitenciarios tienen.
Se deformó, se transformó la antigua cárcel de las recogidas donde también operó la santa inquisición a gusto y capricho, con un absoluto estilo modernista que nada tiene que ver con su historia.
El trazo de la alameda sobre la calle Constitución se transformó, ya que era más angosto en la esquina de Universidad y Constitución y se ampliaba rumbo al sur donde se asentaban las aguas.
Antonio Esper Bujaidar se atrevió a decir que fueron muy pen…. y que no alinearon bien la calle y le cambió el trazo que por más de 300 años tuvo la Huerta de los Carmelitas. Simplemente la zona centro está totalmente transformada y los vetustos y resistentes edificios han sido cambiados por incómodos y peligrosos centros comerciales, lo que fue una ciudad llena de vida, hoy es una ciudad con bancos, comercios, telefónicas celulares y lamentablemente no existe una reglamentación para preservar lo que aún nos queda.
A este paso, dentro de pocos años tendremos una ciudad parecida a cualquier suburbio norteamericano pero en decadencia, tan solo quedará en el recuerdo aquella frase “La Señorial Ciudad de San Luis Potosí”.
Y no exagero, ya que hasta el Escudo de Armas, hemos perdido.