Uno de los días más
importantes para
nuestro país en el año que inicia será el 5 de julio próximo. Ese día se llevarán a cabo las elecciones para renovar la mayor parte del Congreso y seis gubernaturas. En total se elegirán mil 595 cargos de elección popular.
Formalmente, el proceso electoral inició en octubre pasado con la primera sesión del nuevo Consejo General del Instituto Federal Electoral. También, como fruto de la reforma electoral del año anterior, se estrenará la legislación que generó tantas inconformidades, sobre todo por parte de los medios de comunicación, que vieron, en parte justificadamente, una limitante a la libertad de expresión en el hecho de que los particulares no podrán contratar propaganda política.
Sin embargo, más allá del aspecto meramente formal o jurídico de este proceso, existe una realidad política que se impone y que nos da luz sobre el escenario que se presentará en la próxima contienda electoral.
La mayoría de los especialistas y encuestas recientes indican que el partido mejor posicionado en estos momentos es el PRI. Esto se debe, no a un cambio profundo de sus estructuras y prácticas políticas, sino a que ha sabido posicionarse y asumir un papel de “oposición responsable” que le ha valido colgarse medallas como las reformas aprobadas en el Congreso, junto con victorias en las últimas elecciones de gobernador, presidentes municipales y congresos locales que le imprimen una lógica ganadora difícil de ignorar.
Por otra parte, el PRI ha sabido vender la imagen de experiencia e inflexibilidad, que en estos momentos a los ojos de los electores pueden ser las cualidades más valiosas para que un gobierno ponga orden y acabe con los embates del crimen organizado y el bochinche populista.
En el lado del PAN se ha registrado un retroceso en cuanto al número de votos obtenido en las últimas elecciones, incluso ha perdido ya una elección estatal –Yucatán— y ciudades que se consideraba zonas eminentemente panistas, como Hermosillo o Aguascalientes.
Este tropezón panista después del triunfo presidencial de 2006, puede deberse a varios factores: por un lado los conflictos internos, desde la cúpula del partido hasta los responsables distritales, lo cual fue evidente con la salida de Manuel Espino y el clima de división y falta de atención que enmarcó la selección de candidatos durante las elecciones en Aguascalientes y Baja California.
No obstante, un análisis más detallado nos dice que nunca en la historia el PAN había tenido tantos militantes y adherentes como ahora; se le critica porque está en el gobierno y justo antes de las elecciones es cuando los ciudadanos definen posturas.
Por otra parte no se ha sabido o no se ha podido establecer una sinergia gobierno-partido, lo cual no quiere decir complicidad, sino complementariedad entre las acciones de un gobierno emanado del PAN y el papel del partido que como representante de los intereses de una parte de los ciudadanos para orientar, con base en sus postulados, la acción gubernamental.
Hace aproximadamente un año, una encuesta reveló que casi 40% de los ciudadanos se identificaba más hacia la derecha del espectro político y más cerca del PAN, esta situación parece estar cambiando, por lo que este tropiezo de Acción Nacional puede ser momentáneo o puede significar una caída estrepitosa, todo dependerá de tres factores: unidad interna del partido, selección de sus candidatos y la imagen que proyectará en los próximos meses. En política no es suficiente ser la mejor opción, hay que parecerlo.
Finalmente, observemos que no es para alegrar a nadie la debacle del PRD. Por la sencilla razón de que significa la extinción de una opción de izquierda en nuestro país. Una verdadera democracia se distingue por la pluralidad de expresiones políticas y, en ese caso, una de las más importantes es la que representa el PRD, por lo que lo ideal sería que se convirtiera en una izquierda moderna, democrática e incluyente.
Lamentablemente, nuestra izquierda ha perdido el rumbo y parece dirigirse a un abismo del cual difícilmente saldrá, debido a un proceso de autodestrucción en el que un personaje intolerante tuvo mucho qué ver.
Estos escenarios permiten anticipar que la elección la ganará el partido que sea capaz de movilizar su voto duro, y en esa perspectiva la ventaja parece que será del PRI. Sin embargo, ello no quiere decir que quien obtenga la mayoría de los votos le ganará al abstencionismo que se prevé. Todo indica que será menor la participación en las urnas, de ahí la importancia de ejercer nuestro derecho al voto y elegir razonadamente, no sólo por la propaganda.
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